jueves, 26 de junio de 2008

ELEMENTO FICCIÓN: EL REENCUENTRO



Era otro día más en su atiborrado mundo… Cansado, casi sin fuerzas, arribó al departamento y mientras hacía el diario ejercicio de soltar el cuerpo y echar a andar la memoria para buscarla allí, cayó en el sofá, en ese mudo sofá testigo de sus noches solitarias.
No era tarde y sin embargo, esa acostumbraba ser la hora de mayor quietud. Sin ninguna distracción que ahuyentara el martirio. Esta vez algo distinto pasó, justo cuando Gastón menos se lo esperaba.
Pasada las once PM y ante la sorpresa de su morador, el timbre sonó llamando a la puerta como jamás sucedía. Sin reparar en la extrañeza, Gastón se puso de pie y enfiló hacia la puerta con un dejo de desconfianza. ¿Quién tenía el desenfado de interrumpir su único minuto blanco de cada jornada?

Fue mecánico. La desconexión de su cabeza y el cuerpo le impidió linkear cualquier atisbo de probabilidad. Sólo era el maldito timbre… pensó. Apuró el trámite, queriendo salir rápido del paso y reanudar sus minutos de flagelante relajo.
Lo que parecía una molestia pasajera dio pie al más grande cúmulo de sensaciones que ni su erosionada imaginación pudiese crear. Una muy luminosa, un segundo de bello e incesante ahogo acaecido en una fracción de segundo. De esos en que las palabras escasean e incluso sobran. Uno en que el corazón se acelera y es quizás lo único que no te delata. Porque los ojos, los gestos, las miradas, el temblor del cuerpo, todo lo demás fue tan aparente que ni siquiera tuvo el momento para disimular.

Allí, en su puerta estaba Javiera, la que buscó sin descanso en sus últimos meses de vida, la que por esas incongruencias que generan el querer hacer todo bien llevan a equivocar el camino, la misma dueña de esos minutos de paz en que transportaba sus carencias a un lugar mejor, la guía de sus desconexiones, la que con sólo visitar su mente borraba de un soplo los malos augurios del día recién acabado.
No supo qué decir. Mientras buscaba reencontrar su centro, alzó la vista y observó su sonrisa, la misma que ni se desdibujó para regalarle un “te extrañé” que sólo se interrumpió con su gesto, el de abalanzarse a sus brazos y besarlo derramando una lágrima retenida por tanto. Él sólo atinaba a tratar de absorber y disfrutar cada milésima de tiempo…
Y de pronto, en vez de hablarle a la distancia la tenía allí. Gastón aprovechó esta nueva oportunidad y sin reparar en el qué la había generado, sólo atinó a regalarle palabras de amor. La sentía tan suya como siempre añoró en corazón y gestos, en actitud y palabras. Se dijeron tantos te quiero que por ratos parecían el adorno obligado a cada conversación.
Una botella de merlot acompañó el reencuentro. Se contaban esos días sin saber uno del otro, sin reparos ni cuestionamientos. Sin desconfianzas ni preguntas desfasadas. Lo único que les importaba era el aquí y ahora. No era necesario pensar en fluir porque sin proyectarlo, ambos estaban siendo ellos mismos frente al otro, sin el miedo escénico de versiones anteriores, sin los tapujos controlando sus maquinadas acciones cual marioneta teatral. Fue tan de verdad que los meses alejados sólo parecían el aire necesario para volver a creer. Javiera se veía resuelta y convencida como jamás lo estuvo. Gastón había dejado el personaje inseguro y se lanzaba como nadador experto a las aguas de la incertidumbre, con el sólo objetivo de refrescarse en el mismo mar de dudas que casi lo ahogó en su momento.
No hubo rincón de su cuerpo que no recorriera. No hubo aroma de su ser que no capturara como no queriéndolo dejar que la opción de que se le escapase. Ni siquiera se permitió momentos para reparar en qué gatilló tal milagroso instante. Lo único que le interesaba era saber que ella se dormía en sus brazos y que él conciliaría el sueño reteniéndola así, de seguro pensando en no dejarla ir otra vez.
Otra alarma, esta vez de un teléfono celular nuevamente vino a desarmar su esquema. Con el cuerpo aún cansado, tal vez de tanto llorar allí junto a ella, Gastón rearmó el frenético puzzle de a poco, de golpe y con cierta crueldad.
A su lado no estaba Javiera. Buscó su olor en la almohada y no lo encontró. No había rasgos que refrendasen una cuota verosímil a tan hermoso pasaje de fantasía. Sí, la perceptible e insoportable alerta que lo había desterrado del mágico instante apenas alcanzaba para comprender un par de cosas.
Había sido un sueño, uno como jamás lo tuvo antes. Una ilusa mancomunión de imágenes que sólo el espejo en el dormitorio se encargó de apagar de la manera más vil. Javiera, como en todas sus noches, había visitado su mente. Como en todos sus despertares, ya no estaba cerca y sólo le dejaba el oscuro sabor de lo incierto.
Tanta contradicción, la felicidad del minuto anterior con el duro costalazo del despertar ni siquiera tenían espacio para el crudo análisis post mortem. El reloj no daba concesiones. Había que salir, otra vez, al frío y la lucha adversa.
El hielo interior, el que convertía en suspiro cada intento por respirar acompañó el ritual de siempre. La ducha, la preparación y el no desayuno. Una sensación que sólo amainó con los primeros pasos durante esa inhóspita mañana.
Quizás Javiera sí estuvo allí con su abrazo. Tal vez fue su voluntad de acompañar las noches en penumbra de Gastón, de velar por su sombra aislada le llevó hasta tan sombrío lugar por la noche. Quién sabe, se decía Gastón en su yo interno. Probablemente, de tanto llamarla con el pensamiento…
Y enfiló rumbo desconocido aunque esta vez, con un dejo conformista de seguridad en su horizonte. La compañía imperceptible de esa velada nocturna tenía arraigo en su mente. En una de esas, era sólo el anticipo de lo que vendría, de que independiente de lo solitario de sus noches, esto probablemente marcaba el devenir de días mejores. O incluso ser la concreción de un sueño hermoso que no era necesario abandonar.
De cualquier forma, Gastón pudo exhalar mejor y botar con ello algo de angustia. Lo demás, como siempre era cosa del destino, de mentalizarse y pensar que en la cuadra siguiente venía el semáforo en verde. Que a la vuelta de la esquina encontraba el camino negado. Un momento para descubrir y atesorar, tan destellante, único y suyo como el de la noche anterior…

domingo, 15 de junio de 2008

ELEMENTO FEED BACK: LA ENTREVISTA DEL ONCE

Nada más simple ni menos engorroso que recurrir a la fiel sección, la que se inventa en el camino, mientras “se va haciendo en el camino”…
Como tengo algunas secciones pendientes, a ver si ocupamos La Entrevista del Once para ver por donde anda el gusto del cada vez menor público objetivo del blog.
En fin, Juegue.

Con Placebo de fondo –sin detalles de las canciones, ni sus disco ni nada. Para eso está google y respecto a lo que me evocan… me gustan y punto- y la interacción de por medio, la que corre por vuestra cuenta.

PLACEBO – HOLOCAUST: Cobertura inmortal de una canción de culto, la original de Alex Chilton.

Un saludo para los que disfrutan el Día del Padre hoy. Los que lo son y los que lo serán dice el aviso… Sí, los que lo perdimos y capaz que no lo seamos también reciban un saludo. Los que quieren serlo, los que están en campaña, los que sueñan, los que cumplen, etc.
Quedan excluidos, eso sí, todos los patudos con discurso similar al “Oiie mamota, quiero ser tu papacito” –con ese tono medio centroamericano flaite y regaetonero- y todas las carepalo que anoche cerca de las 3 AM andaban por alguna disco, fiesta masiva o personal con un cartel en la frente de “Eso, papito, dámelo yaaa”.
Los demás “daddyes” califican… Es más, esta canción es un regalo deluxe, señores.

PLACEBO – DADDY COOL : Cubriendo notablemente el clásico de Boney M.

1. ¿Hay alguna celebración del día del padre en tu vida que te traiga mayores recuerdos en especial?

2. Si tienes que elegir una –ya sé que es complicado porque hay decenas-, cuál es la aplicación de facebook que más odias que te envíen.

3. El apodado: Póngale nombre a Marcelo Bielsa.

4. Si te regalaran una “Cirugía de Cuerpo y Alma”, ¿qué te harías aprovechando que es gratis?

PLACEBO – RUNNING UP THAT HILL: Ya saben… Kate Bush y tal…

5. Para estos días fríos, ¿té, café o chocolate caliente por la mañana?

6. Si tuvieras que decirle algo a algún personaje público, qué sería y a quién.

7. La Alternativa: Una de las secciones musicales que se prometieron y se van a ir publicando con el tiempo es la de MP KITSCH. Para que vean cuáles son las corrientes musicales a explotar -latino, anglo pop, cebolla en español, etc-, les dejo estas opciones y USTED ELIJA CON CUÁL LE DAMOS PUNTAPIÉ INICIAL "AL BRILLO".

- Julio Iglesias

- Backstreets Boys

- G.I.T

8. Cuál fue la última película –no importando si es antigua o nueva- que te dejó cautivado y por qué.

PLACEBO – PURE MORNING: El día amanece, las pieles se arrastran, mañana pura… Un amigo se conoce en las desgracias...

9. Existen públicas campañas contrarias y críticas hacia la gestión de la actual presidenta de Chile –no de su gobierno o de los cambios económicos propiciados por el mismo ciudadano común, entiéndase- por estos días. Qué le parecen.

10. ¿”Viva el regaeton” o “que vuelvan los lentos”?

11. La Diferenciada: REMÍTASE SÓLO A LO QUE SE LE PREGUNTA SEGÚN GÉNERO POR FAVOR… A partir del tema siguiente: Salió un reportaje en Mega donde se mostraba en tiempo e imagen real a un infeliz golpeando alevosamente a su mujer en el suelo del departamento que él le había comprado y amoblado, todo porque la muy fresca se había ido con otro dejándolo a él y a su hija abandonados y asumiendo la vergüenza de ser el gorreado del barrio.

Ellos: ¿Existe alguna atenuante moral ante el abandono –el peor golpe al ego de un hombre en una sociedad machista, digámoslo pues en EEUU tu mina se va con otro y das vuelta a página- para explicar desde alguna perspectiva que esta clase de energúmenos crea que tiene derecho natural a golpear a sus mujeres?
Ellas: ¿Considerando el alto y creciente número de femicidios que registra el país, según ustedes es porque: las mujeres están enfrentando más sus opciones de tener relaciones paralelas y el hombre chileno quedó pegado en el colonialismo, porque los niveles de estrés son impresionantes o porque ahora se sabe más y siempre ocurrió lo mismo?



LO QUE ESCUCHO: PLACEBO – SPECIAL NEEDS: "Sólo diecinueve, un sueño estúpido, supongo que pensé que tú tenías el toque especial, sólo diecinueve un sueño obsceno, con 6 meses fuera por mala conducta… Recuérdame…"

lunes, 9 de junio de 2008

ELEMENTO FICCIÓN: MAL TRAGO

Once treinta PM.
Entró al bar y se sentó en la barra. De inmediato, Pedro, el barman, dio con que ese rostro no era usual.
Por lo mismo, amaestrado en al arte del buen atender, se acercó a Leonardo y raudo le ofreció algún brebaje de los que adornaban su colosal estante.
“Dame un whisky doble” exclamó Leonardo en tono casi balbuceante y enredoso. El barman asintió y siguió con su jornada aletargada de clientes en busca de alcohol y experiencias.

Apenas el muchacho pidió la segunda ración de escocés, el veterano empleado supo que tendría una noche de esas, en que al otro lado del mesón descubriría a un nuevo y atolondrado dipsómano en ciernes con alguna mochila que cargar, con algún culebrón personal, de esos que se busca ahogar inútilmente en licor.
Pasada la medianoche y con muchos comensales que atender, Pedro sólo atinó a observar al desdichado chico. Tenía unos 26 años, su rostro se veía desdibujado en medio de una actitud de recia falsedad. Su vestimenta y tez daban a entender que no se traba de un bohemio cualquiera, de esos que proliferaban cada noche por el “Terraza” en pleno barrio cívico. Este era distinto, uno de esos casos aislados que por simple bondad, el mesonero acostumbraba a escuchar como la vieja usanza del oficio. Lo observó y procuró alejarse, quizás esperando con ello que el muchacho no se tentase a seguir ingiriendo desbocadamente.
Cuando Leonardo se atrevió a llamarlo, ya cerca de la una de la madrugada, Pedro dejó por un minuto el lugar de servidor y se calzó el traje de conversador itinerante.
“¿Está bien, señor?” preguntó, mientras servía sólo la mitad del vaso lanzando una mirada cómplice.
“Sí, amigo, sirva no más que esta noche quiero matar las penas” resolvió Leonardo apenas levantando la vista. “Total, con suerte me emborracho pero un escándalo no le voy a hacer así que dele no más, tranquilo…” completó.
Roto el hielo del desconocimiento, Pedro aprovechó la escapada de media clientela a eso de la 01.30 para acercarse nuevamente al solitario tipo de la barra.
Al poco rato y ya con el cuarto whisky sobre el portavaso se enteró que Leonardo era un incipiente ingeniero comercial, que de un minuto a otro había visto como su sueño se resquebrajaba en pedazos, como María Fernanda, su "Feñita", con quien llevaba dos años de noviazgo, con la que tenía anillo y promesa de matrimonio, lo había engañado sin otro resquicio que "el dejarse llevar por el impulso".
“Me dijo que no pudo evitar tentarse, que todos podemos caer, que la carne es débil. ¿Se lo puede usted imaginar?” clamaba el chico entre un naciente sollozo.

Por alguna razón más que suficiente, Pedro se sintió tocado con el drama que escuchaba. Durante unos segundos se trasladó veinte años atrás, cuando comenzaba su propio negocio y un episodio dolorosamente similar le arrebató los sueños, las ganas, las expectativas.
Todo regresó a su cabeza y de un soplo. Prefirió el silencio y siguió escuchando…
“¿Me puedes creer?
A seis meses de casarnos, más encima con un tipo que se encontró en una fiesta, ni siquiera uno que le recordara algún pasado, una historia inconclusa, no sé… Cómo se hace pa’ asumir esto, amigo” se apuró en preguntar Leonardo mientras sacaba un cigarrillo, como dando tiempo a que su confesor de bar tuviese alguna respuesta.
“Pero muchacho, ustedes tenían planes. Hay una relación detrás… Quizás estaban en un bajón, quizás…” se esmeraba en explicar el viejo cantinero cuando el bebido cliente lo interrumpió.

“Pero a ver, dime, ponte en mi lugar. Cuando tú has obrado bien, cuando has planificado pensando en los dos, cuando te guardaste la tentación por el sólo hecho de creer en la fidelidad… Dime pues, qué harías en ese caso”.

Justo en ese instante de rabia y ansiedad deshinibida el chico intentó moverse de su silla y trastabilló. Pedro aprovechó el impasse.
“Mejor te llamo un taxi, muchacho, estás algo ebrio” dijo mientras cargaba al deshecho Leonardo hasta la puerta del bar para encomendarlo al chofer que siempre esperaba clientes en la salida principal.

Apenas el auto emprendió viaje, Pedro rememoró su pena. Y pensó en aquella respuesta que había quedado inconclusa, en aquella petición lacerante que le removió el recuerdo más recóndito, el más oculto y vejatorio.

Pensó unos minutos mientras destapaba un ron añejo y se empinaba un corto de un solo trago. Quizás si hubiese argumentado, con tanta simetría de vida en su espalda, aquél simple ruego del muchacho, Leonardo tendría al día siguiente un calvario muchísimo peor que el comparable a una simple resaca…

sábado, 24 de mayo de 2008

ELEMENTO FEED BACK: Esos lugares...



Seguro se han hecho esta pregunta alguna vez.
¿Qué tienen ciertos lugares, parajes, locaciones, esquinas o calles que nos elevan a la sublimación del “estar ahí de nuevo”, de encontrase uno mismo, de regalarle significados sin que necesariamente sean los mismos para quienes a esa hora pasan por ahí, alcances personales que escapan al ser de al lado?
Es una de esas características, según yo, que te transportan a minutos significativos de tu vida. Muchos de ellos quizás –y casi siempre es así- jamás regresarán por el sólo hecho de visitar un lugar en un segundo determinado. Es un todo irremplazable y que estará siempre por sobre las circunstancias que lo marcaron, por sobre las consecuencias de ese signo en sí.
Son especies de santuarios personales que vas atesorando con el paso del tiempo, que indistintamente del minuto en que te hayan marcado la vida podrás visitar sin reparo en meses, años o estaciones venideras y que siempre añorarán lo mismo.


No importa si el tráfico por su alrededor cambia, si su estructura se modifica, si su horizonte se nubla por efecto de la bruma, si el ruido en círculo no es el mismo, si la lluvia no te permite disfrutar de un banco, un asiento o una parte de césped o acera como aquella vez.
Da igual si no estás sumido en las mismas circunstancias, si el pasado reciente dio lugar a una realidad más dura y distante, más cambiante o solitaria incluso, si extrañas o si simplemente te convences que ese día nunca más volverá a dibujarse frente a tu vista.


A veces pienso ilusamente que tiene que ver con fechas, con horas, con remontarse al aquí y al hoy, con un pie en el ayer. Pero rápidamente la percepción va cambiando. Y aunque esa idea original siga mellando en mi interior, el convencimiento que son tales parajes, tales instantes en tu caminar los que siempre se quedan más allá de los rostros, las promesas rotas o las pérdidas que en su inconsistencia atemporal dejan de serlo y sólo te heredan como eterno legado esos lugares, esas reminiscencias marcadas en un mapa citadino que de cuando en vez se asoma en tu hoja de viaje.
Es bueno visitar esos lugares.

Por eso la pregunta del inicio. ¿Acaso ustedes tienen un lugar de encuentro personal, uno para observar el paisaje externo y mirar por que no en el interno también? Esos sitios son mágicos, son indestructibles en el recuerdo más allá de lo que te evoquen.
Por eso, y he aquí una visión muy personal de la pregunta que les hago, siento que los lugares son más importantes o eternos que las personas. Y me explico para que nadie se espante.
Si alguien muere o desaparece de tu entorno no podrás verle. Sólo recordarle. El lugar que te recuerde instantes con uno de esos seres seguirá estando allí. Porque nosotros, nuestros dichos, nuestros actos e incluso nuestras percepciones mueren por nuestra propia existencia.

Y es esa misma existencia la que hace tales puntos cardinales simplemente muten, a la vista, en su estructura o simplemente en su entorno. Pero siguen vigentes, son más vivos que el baúl de los recuerdos, son más irrefutables a la razón, son el suelo necesario para reposicionar tus pasos, para entender y muchas veces para evolucionar.
Ayer visité uno de esos lugares. Las sensaciones con las que me quedo no son para arrojarlas acá.
Sí me nació preguntar y más allá del detalle que no busco en tu respuesta, sólo quiero esta especie de catastro de la inquietud del día.
¿Tienes algún lugar que te genere conexiones tan fuertes que con ello sean en parte “sólo tuyos”, que siempre te detendrás por un minuto siquiera a meditarlos “in situ” por más que sepas que habrá lluvia, truene, se colmen de gente o tengas apenas un par de minutos para abrazarlos como al recuerdo mismo?

Yo tengo algunos. Su significado claramente los hace parte de mi nuevo itinerario.

sábado, 17 de mayo de 2008

ELEMENTO FEED BACK: LA ENTREVISTA DEL ONCE


Ya muchachos.
Cuando no había tiempo, ni PC todo el día, cuando no había inspiración, en la primera parte de la historia recurría a una sección interactiva muy simple de componer. Una que no me habrá dado plata pero sí me regaló buenos y fieles lectores.
Ya que estamos en la segunda patita de este sitio, ya que el momento lo amerita y lo requiere, vamos con el comodín, entonces, que para algo sirven. Hay nuevos contertulios por acá, así que veremos si aprueban o no la sección.

Lo único que usted necesita saber es que acá puede responder lo que se le ocurra. O dejar de lado la pregunta que se le antoje. No está en las reglas complicarse, sino sólo explayarse. Tienen luz verde, señores...
Retomamos por esta vez la nunca bien ponderada Entrevista del Once. A ver qué sale. Por ahora, ya sabe su ley motive.
Juegue...

ORISHAS - ATREVIDO (A lo cubano, 1999): Una buena historia relatada al sazón del ritmo caribeño y reflejando las vivencias candentes de una cultura musical tan alegre como desprejuiciada en "lo que a amores se refiere".

1. ¿Hay alguna situación de la vida cotidiana en que hoy sientas que te faltó por decir algo, que lo harías si tuvieras de nuevo la oportunidad?

2, Cuándo fue la última vez que tentaste al azar.

3.. El apodado: Póngale nombre a Tonka Tomicic.

4. Piensa en alguna situación de ficción –película, libro, serie o la que a ti mismo se te ocurra- que te gustaría vivir.

5. ¿Vacaciones de invierno o vacaciones de verano?

6. Crees que el Transantiago como tema país así como su claro fracaso será fundamental a la hora de las próximas elecciones en el país.

ORISHAS - A LO CUBANO (A lo cubano, 1999): No sólo le da el nombre al disco sino que fue la llave para que el, por entonces cuarteto, saliera de los confines de La Habana y se popularizara con inusitada fuerza en todo el mundo hispanoparlante gracias a su peculiar mezcla de rap con música tradicional de la isla.

7. La Alternativa: Si tuvieras que elegir una opción de defecto –todos los tenemos- en una pareja, cuál de estas te sería “más tolerable”:

- - Que ser ría en la fila, es decir que deambule peligrosamente por la cuerda del coqueteo global todo el rato.

- Que tenga un pasado sexual sórdido.

- Que tenga antecedentes de cambios de ánimo patológicos

- Que sea extremadamente bueno para carretear y “pasarse de copas”.

- Que sea aburrido (a) y extremadamente casero, lo que siempre atenta a la hora de hacer panoramas juntos.

8. Cuál canción es la que nunca sacaste de tu ipod, mp3, radio del celular, etc.

9. ¿Existe alguna película que te identifique en historia de vida, en proyección, que de manera personal te refleja?

10. Nómbrame LA LETRA de una canción que “te mueva el piso” y por qué. - Independiente de que te guste mucho o poco quien lo interprete, que sea o no parte de tus favoritos, que tengas o no el disco, que no te guste el arreglo musical o que incluso ni identifiques a que artista pertenece, etc-

11. La Diferenciada: Hombres: ¿Cuál es el peor panorama de las mujeres que, estando en pareja, ellas creen que es “super entretenido” realizarlo de a dos y que definitivamente es apenas tolerable?
Mujeres: ¿Cuál es el panorama masculino que sólo soportas porque se trata de estar en pareja?


LO QUE ESCUCHO: ORISHAS - MISTICA (A lo cubano, 1999): No podría reconocerme siquiera como un cercano a fanático del ahora trío centroamericano, pero no reconocer que ésta es una enorme canción -en falsa representación de "la buena música"- sería como como para dudar del buen oído de quien lo presuma. O serán estos días que me llevan al desvarío... Si es así, tranquilos. La cordura tarda pero regresa siempre...


martes, 13 de mayo de 2008

ELEMENTO SACRÍLEGO: LOS ONCE MANDAMIENTOS PARA NO CONFUNDIR AL SEÑOR DE LA QUERENCIA CON "EL DE LA GERENCIA".

Si de algo sirve aguantarse el taco vespertino en un colectivo lleno regresando a casa es para enterarse de “qué habla la gente”, lo que si bien es cierto, casi nunca es interesante, por lo menos te otorga un leve y sesgado vox populi.

Hoy, la señora de turno le decía clarito a su acompañante: “Uyyy, verdad que esta noche empiezan a dar esa teleserie, ehhhh, el Señor de LA GERENCIA”… Quién soy yo para decirle “avíspese señora, se llama el Señor de la Querencia”. Es más, para qué perder el tiempo en explicar ambos conceptos.

CANDLEBOX – YOU (Candlebox, 1993): No se extrañen, pero esta canción le cambió la vida a Madonna. No porque sea de sus favoritas sino porque su sello musical, Maverick, dejó de ser una apuesta cuando los rankings acusaron presencia de un sonido post grunge, una suerte de resaca seattleana del movimiento contracultural que se convirtió en mainstream en los primeros años de los ’90.

Mejor, y para que usted no se confunda jamás, he aquí los once mandamientos que hacen criminal comparar al señor de la serie televisiva con esos “señores” de traje rectangular y cabeza cuadrada. Para que usted no caiga en la torpeza de siquiera confundirlos:

1. El Señor de la Querencia no estudió en la universidad pero sabe cómo llevar su imperio. El Señor de la Gerencia se pegó cinco años -o más siendo sinceros- de pre grado, dos de post grado, otro tanto de un MBA y ni siquiera es capaz de controlar a una secretaria chúcara y arribista que lo manipula.

2. El Señor de la Querencia se enreda oficialmente con mujeres de alcurnia y casi siempre se aprovecha sexualmente de las criadas de su hacienda porque “no le importa el qué diran”. El Señor de la Gerencia tiene una mina superficial, “de mentira” que no lo satisface o bien, una “de verdad” que lo pasa gorreando. También se aprovecha de empleadas jóvenes pero generalmente son profesionales en práctica porque vive de presumir.

CANDLEBOX - FAR BEHIND (Candlebox, 1993): Quizás la melodía más recordada del cuarteto -con aquél fraseo desgarrado de Kevin Martin- en el inconsciente colectivo. Una clase para los rockeros glame que a fines de los ’80 estrujaron las baladas hasta casi estropear su esencia.

3. El Señor de la Querencia cabalga, pelea y está en constante actividad física. El Señor de la Gerencia hace ejercicio cuando bosteza y se estira en las reuniones de directorio.

4. El Señor de la Querencia es respetado por todos sus empleados y nadie habla de él por temor a represalias. El Señor de la Gerencia es el pelambre del día entre sus empleados que jamás reparan en si es descuerarlo es riesgoso para la estabilidad en la pega.

5. El Señor de la Querencia es capo, por algo es patrón en una época antigua. El Señor de la Gerencia es un inútil, por algo es jefe en estos tiempos modernos.

6. El Señor de la Querencia no baila en sus reuniones sociales por no generar habladurías. Al Señor de la Gerencia es fácil identificarlo por su fino traje “no ad-hoc” en la discotheque y porque se le ve aleteando en la pista al intentar bailar regaetón con la secretaria nueva, eso hasta que se da cuenta “que anda haciendo el loco”.

7. El Señor de la Querencia defiende su patrimonio de trabajo. El Señor de la Gerencia no mueve un dedo por sus trabajadores.

CANDLEBOX - CHANGE (Candlebox, 1993): No sólo es una de las mejores canciones de la banda. Es también, una de las importantes. De hecho, es la primera que lanzan al mercado, el comienzo de una historia que los mantiene vigentes hoy, aunque con mucho menos fuerza que hace 15 años.

8. El Señor de la Querencia toma todas las decisiones. El Señor de la Gerencia se muere de hambre sin sus asistentes.

9. El Señor de la Querencia ofrece trabajo porque es el dueño de la hacienda. El Señor de la Gerencia acota los puestos de trabajo para conservar el suyo en un sitio que no le pertenece a él sino a los accionistas.

10. El Señor de la Querencia practica entretenimiento para ganarle a todo el resto y mostrar su estatus. El Señor de la Gerencia juega semanalmente tenis con miembros del directorio y se deja perder por paliza para conservar su lugar.

11. El Señor de la Querencia tiene una esposa que es intocable para los peones. El Señor de la Gerencia tiene una esposa que, al menos en el imaginario “conventilleo” colectivo, no dejó ni que el junior se le escapara.

LO QUE ESCUCHO: CANDLEBOX – SOMETIMES (Happy Pills, 1998): Seguro no la conocías… Es uno de los grandes aportes de esta rockera banda sacada del ilustre Seattle, una cuyo nombre homenajea a otras de mis agrupaciones favoritas, la de los australianos Midnight Oil. Cuando se tiene tal nivel de influencia, es muy difícil que el producto resultante suene mal.

sábado, 3 de mayo de 2008

ELEMENTO FICCION: LUZ


Siete horas perdido en el bosque…
Apenas el ocaso del día dictó presencia, él sintió por momentos que ese abismo oscuro y agrio le ganaba la pelea.
No era raro entonces. De alguna forma, siempre creyó que el camino era inconcluso y que la noche llegaba de súbito a recordarle que todos los rumbos anteriores jamás fueron los correctos.
Avanzó sin sentido, movido por algo que ni él mismo entendía, una suerte de señal... un receptáculo de coincidencias en el trazado cerril que hacían más guiados los pasos venideros.

El cansancio en sus piernas y lo empinado del terreno le indicaron que su rumbo era cuesta arriba. No le importó. Prefirió intentar, seguir tanteando a ciegas ese sendero.
Fue antes de alcanzar esa cumbre que supo el por qué de tan vehemente elección. Un brillo incandescente, centellante y pulcro se le cruzó por enfrente. Una luciérnaga de inestimable y gracioso vuelo se posaba frente a sus ojos comenzando a guiar el final de esa elaborada travesía.
Encantado aún por tal fuente inagotable de fulgor en su norte, el caminante decidió atacar la cumbre del monte llegando a una enorme fuente de agua cristalina y torrencial.
Mientras refrescaba su cara y bebía saciando tanta sed acumulada, reparó en que aquella luciérnaga seguía aún muy atenta a sus pasos, acompañándolo casi como jalón predestinado.
Su curiosidad pudo más y de un salto quiso atrapar tal generoso brote de esplendor. Y quizás con ello, pensó, podría atesorar para siempre ese centelleo sempiterno que le aclaraba la marcha.
Tan violento e inocente en su brutalidad fue aquél brinco que la luciérnaga apenas esquivó el intento, asustándose de momento y mostrando una de sus alas heridas por tan insolente abordaje.

Elevó entonces su postura altanera y ajada emprendiendo vuelo hacia un rumbo desconocido, dejando con ello al caminante y su sensación culposa y gastada por tan ingenuo acto de inconciencia egoísta.
¿Qué hacer entonces?
No era difícil, pensó. De alguna manera, aquél encaprichado manantial de luz había hecho su papel, con inusitado decoro y en no más de seis minutos, ese corto y maravilloso rato en que encabezó las andanzas de su compañero de ruta.
Bastó con ese mágico instante para que él comprendiese por fin que no existían las renombradas casualidades, que aquella señal le permitió mirar su propio reflejo en el lago y además, antes de su inútil intento por atraparla, mostrarle lo muy llano o escabroso que venía hacia adelante. Le hizo saber por dónde encaminar su andar antes de marcharse.
Un pasajero agasajo que sirvió de visor y anhelo perpetuo a la vez. De ahora en más, sus pasos, aún en la oscuridad de la noche estarían orientados por ese recuerdo como un mapa inextinguible en su memoria.
Por más que ella nunca volviese a cruzarse en su viaje, que jamás se hiciera ver en el horizonte próximo, el caminante había recuperado la brújula gracias a su estela. Ya sabía, por tanto, cuál de las lejanas rúbricas en su pasado era signo y cuál desvanecimiento.

El camino estaba trazado, la luz al final del túnel tenía interpretación y forma. El destino, como siempre, había hecho su jugarreta fiel al libreto, sólo que ésta vez, la lectura del caminante era la correcta, de la que más aprendió. La que pensaba seguir sin descanso…

domingo, 27 de abril de 2008

ELEMENTO FICCION: JUDITH




Caminó por horas esa tarde. Como si fuese la única posibilidad de sentirse a salvo.
No miraba, no medía, avanzó decenas de cuadras hasta dar con un asiento de parque, unas hojas húmedas que anunciaban el otoño y gente caminando apurada sin detenerse a observar el entorno. Tal como ella unas cuadras antes.
La diferencia es que los transeúntes llevaban un destino en el apuro de la marcha. Judith deambuló por horas, lento, sin rumbo y preguntándose una y mil veces aquél cuestionario del dolor que tantas veces sacudió su cabeza.

Otra vez estaba sola. Otra vez, el amor le golpeaba con la puerta del despecho en la cara. Nuevamente los fantasmas, las dudas, esa mochila interna que pesaba como los recuerdos de ese último adiós habían confabulado contra su último abrazo. Sola de nuevo. Y trataba de entender…
¿Por qué no se permitía decir lo que realmente la atormentaba? Su pavor infernal lo disfrazaba con logros. Se sabía independiente, se jactaba de ello. Y pese a tenerlo todo, su porfía que aún discutía entre su conciente y su sinrazón la dejaban al final del capítulo con el mismo epílogo. Sola, atormentada, vulnerable, ahogada en su vómito de culpas auto impuestas.

Mientras se acomodaba en una banca del parque y sacaba sus pastillas ansiolíticas para calmar en algo en llanto incontrolable comenzó a ordenar sus pensamientos.

Viajó en cosa de segundos a ese minuto en que su primer gran amor le rompió el corazón casi sin mostrar compasión. Ese corazón inocente que por más intentos que hacía, jamás logró sanarse del todo involucrando con ello las historias próximas que vendrían a colmar sus días, tanto como a vaciar lo que le quedaba en el alma.
Judith nunca fue una chica tímida. Asumió desde pequeña su rol de niña moderna e hizo notar su presencia en la familia colmada de hombres. Como única heredera fémina, jamás aceptó ser la niña de papá. Una actitud que desde el colegio le trajo dividendos con el sexo opuesto. Los mismos que en su inmadurez renegada y lasciva le dio ese golpe tan bajo a los 19 años.

Así cómo las traiciones habían dolido y marcado tanto como esas cicatrices mentales se lo recordaban cada cierto rato, ella asimiló que todo se pagaba con la misma moneda. Tarde era hoy para redescubrir esa mentira interior, para justificar que la infidelidad no necesariamente implicaba traición, que por el contrario, su dañado historial la condenó a sufrir más por imponerse vengar ante el género opuesto el vejamen del que se sintió victima por tantos años. Hasta esa fatídica tarde que sola en el medio de la nada comenzaba a encontrar sus propias respuestas.
Rememoró los amores intermedios que sólo inseminaron las dudas en su andar. De pronto, y quizás por lo acontencido esa tarde en el café de siempre, donde se enteró por boca de su propio novio que la relación de un año llegaba a su fin porque éste entendió que ella no lo complementaba, supo que en todas esas historias de ayer, ella tuvo una gran cuota de responsabilidad, quizás por anteponerse una venda de fracaso al momento de enfrentar las crisis. O simplemente por su negación a la paciencia, a entenderse y aceptarse, a reconocer que apuraba todo como corriendo contra sí misma, que lo hacía convencida de estar segura del amor, sin reparar en que sólo se trataba de miedo al fracaso. Una ansiedad maldita que terminaba por destruir lo que tenía seguro en su corazón. Por callar, por no ser ni respetar su propia persona.
Se fue la tarde y cuando la noche saludaba sus sienes, cansada de llorar entendió un par de cosas.
Entendió que aún rodeada de gente, estaba muy sola pues jamás alguien entendió lo que realmente ahogaba en su interior, entendió además que su primera necesidad era dejar de sentir lástima por ella misma para recién comenzar a redimir a quienes la habían dañado.

Y finalmente, comprendió que tenía nada. Que pese a su éxito y entorno aparente, las manos se mostraban vacías. Que estaba en ella mejorarlo, dejar de divagar con la vida engañosa y fácil, esa de "compañera casual sin rollos", debía entender que lo estable tiene dificultades, se pone cuesta arriba y que la verdad es lo único que permite saldar las cuentas, sanar las heridas y afrontar los desafíos.
Lamentablemente, este último punto es el que nunca supo si iba a ser capaz de superar. Y entonces se dio cuenta de por qué cuando cada vez sentía una nueva estabilidad, de la nada surgía un temor que la paralizaba, la aterraba. De alguna manera, siempre sintió pavor por ella misma. Y nadie más podría mejorar ese mal…

sábado, 26 de abril de 2008

ELEMENTO FICCIÓN: UN TIEMPO Y UN LUGAR

Siempre el mismo sueño…
Se miraba la cara cubierta de lágrimas y refrescaba aún más su piel de hombre cansado con un poco de agua. Después, el ritual. El espejo reflejando las mismas frustraciones de siempre.
La escena era la misma. Se repetía cada noche con ese azulejo de fondo que indicaba la nada como destino. Por los audífonos salía cada jornada una melodía diferente, una evocadora. La banda sonora del triste entuerto, del puzzle sin resolución.

Poco a poco, como la naturaleza indica, el proceso –aunque tardío y más lento de lo esperado para cualquier ser ansioso- daba sus frutos. De tanto en tanto aparecía el rostro buscado y fingía por momentos ser el punto de inspiración. Cuando la realidad superaba la ficción, el rostro se diluía y quedaba el mismo vacío de antes.
¿No es acaso la vida una larga carretera que todos recorremos con distintas paradas en el camino? Mientras el proceso daba pie a la maduración del autodesengaño, volvió a divisar un rostro en el horizonte cercano. Fue allí cuando entendió que quizás, ese tiempo y ese lugar anhelado no tenía que ver con la contracara sino con sí mismo. Con atreverse de una vez por
todas a enfrentar su realidad, sus miedos, sus carencias, a vencer su propia negación y complacencia. A decidir que la carta marcada tenía cara de hereje, sólo porque siempre se escogía sin pensar en su propio beneficio, siempre apelaba al global. ¿Era posible pensar en el todo armónico sin dar varios pasos en falso a la vez?
De pronto, las lágrimas comenzaron a forjar fortaleza. De golpe, los miedos aparecieron frente a ese espejo testigo y encontraron con cierta terquedad al principio su propio escarnio. Recordó los consejos de su padre cuando lo llevaba de niño al río, sobreprotegiéndolo en demasía quizás. Supo que, tal como ese tránsito veraniego por las resbalosas piedras, la idea era ir paso a paso, sin
temor a caer. Qué importaba. Si de tropiezos estaba llena su bitácora.
Fue en ese proceso que decidió alejar sus letargos, sobrellevar sus ripios, asentir su estrella y tomar la maleta correcta. Entender. Sí, entender y de paso, empezar a soñar.
Pasaron meses, más duros que los anteriores, sin siquiera mucho espacio para el cuestionarse. Era sólo golpear y golpear puertas, era sólo recibir desilusiones y mirarlas como la opción de otra chance. Sus cimientos estaban más firmes y concretos que nunca. Su fin último, sencillo, abordable para cualquier ser humano, pero que él consideraba soñado y esperado de alguna manera lo empujaba a vencerse a sí mismo, a darle pelea a su lado malo.
La filosofía barata del “tiempo y el lugar correcto” estaba cada vez más cerca. Lo movía la esperanza por encontrar paz, emocionalidad, complicidad y algo de estabilidad para empezar a crear cimientos verdaderos, más allá de los que dejaba ver en su corazón acribillado y su empuje harto de chocar contra imposibles.
Un día, cansado por ese trajín irresoluto vio que una puerta se entreabrió y con ese mínimo gesto sintió tal agradecimiento y seguridad que se atrevería a dar el siguiente paso.


Dejó señales, como su vieja e ideal costumbre lo ordenaba. Y simplemente, dejó que el destino o quizás la contraparte jugara sus cartas. El ya había barajado el naipe durante muchísimo tiempo.
Fue una tarde, hacia algo de frío y él pasaba ese domingo cualquiera sentado frente a una banca, en un parque lleno de hojas amarillentas y gente que pasaba como si el mundo los empujara en su marcha. Dejó por un rato su concentrada lectura de “El Amor en Los Tiempos del Cólera”, ese que releía cada fin de semana o cuando la soledad abrazaba sus noches. Levantó la vista y su pecho oyó un palpitó interno con más fuerza que nunca.
Allí estaba ella, la del rostro que iluminó sus andanzas por el cielo y el infierno en meses, la “inocente culpable” de sus tropiezos y avances en tan poco tiempo. La causante de empujón que lo levantó de su coma de esperanzas, la que sin ser motivo se transformó en anhelo.

Otra vez, y por sólo algunos segundos, la fijación que tenía por eso de las causalidades recorrió su mente como una inyección de pasado que le recorría el cuerpo cual tranquilizante intravenoso, apoderándose de sus sentidos, generando y secretando cambios en su interior que no entendía. Pero que a la vez le decían, casi como espaldarazo, que todo o obrado, que todo lo perdido, que todo lo desperdiciado y principalmente, todo su celibato mental con fines ilusos había llegado a su fin.
¿Era amor? Cómo saberlo…
La abrazó, la miró, la besó y sintió su aroma por unos minutos como
queriendo detener el mundo. Sólo dejaron que los ojos hablaran, no se permitieron interrumpir con frases hechas y dieron rienda suelta a la emocionalidad, esa que sólo se da contadas veces en la vida.
No era necesario contestar la pregunta de rigor, que por lo demás ninguno se atrevía a lanzar por temor a la respuesta. De seguro, ambos sabían que de tanto blufear, ésta vez las cartas estaban sobre la mesa y sólo era cosa de jugarlas con sincera conciencia.
Al menos para él, la espera tenía justificación. Entendió de golpe que sus años de sombra, de burbuja impenetrable, de individualismo abismante y autocompadecencia absurda tenían un cómo y un por qué. Esos minutos lo aclaraban todo, sin necesidad de lanzar expectativas o crearlas incluso. Se trata de vivir, ese aquí y ese ahora. Ese tiempo y ese lugar. El correcto, el soñado.
La espera, con todas sus vallas, las antiguas y recientes, había terminado por fin…