Qué es el amor para ti. Qué es el deseo. ¿Los diferencias? ¿Los buscas por caminos separados? Constantes son mis teoremas vagos por demostrar que pese a las caretas aprendidas, el ser humano sólo busca placer estableciendo una máscara que esconde sus reales carencias. Que las apacigua o las maquilla frente al espejo. Que en verdad, siempre es un proceso natural que lo puede llevar al amor...

Dos protagonistas maduros y sin parámetros estéticos imposibles, encarnados magistralmente en Nathalie Baye y el español Sergi López se encuentran y dan vida a un romance de complejos. Su vida independiente, aparentemente resuelta los llevará a una terapia donde recordarán paso a paso frente al psicólogo, sus andanzas con el otro, una pareja ocasional contactada por un aviso pornográfico en el diario. Una que les termina aclarando parcialmente la existencia de largos años resumidas en unos cuantas encamadas. Todo un proceso sincero e internalizado en el rato que duran las sesiones.
La película reafirma lo que les decía al principio. Hay seres que se buscan por la sencilla necesidad de explorar sus límites, sus probabilidades vigentes, para reafirmar su ego o satisfacer el llamado de la selva. Eso dicen... Es mentira. Todos esconden algo. Y basta que se aprete la tecla justa, que suceda lo inesperado en el entorno y terminas dándote cuenta de lo que realmente te impulsa. Siempre es inequívoco.

Por más que quieras, por más que creas, no hay más opciones. Lo demás es mentirte. Desconocerte o engañarte. Algunos más temprano, otros en la cúspide de su muerte... Todos terminan dándose cuenta alguna vez. Más allá que abracen ese destino o lo eviten constantemente.
Poco importa. Y de eso se trata la vida, finalmente...