
¿Todos iguales? Jamás...
Viendo el "lado single" de la vida.

Era hora de retornar. Hace un par de años que había partido en busca sueños alimentados en ilusiones pasadas y grises más recientes. Aquellos estudios y esa libre sensación europea tornaron su vida en un inagotable girasol de resplandeciente futuro. Por alguna razón, su novio se embarcaría un día después para alcanzarla en el Santiago inhóspito que sería ave de paso de tan feliz itinerario. Entonces, retornaba con dos de sus tres razones para decir que había triunfado. Una académica. La más reciente, en su vientre.
No supo por qué pero sintió que esa difusa espera en el aeropuerto le estaba dando señales. Ni siquiera se atrevió a pensarlo y aprovechando algunos kilómetros apilados en el saldo canjeó un ticket hacia el extremo contrario de su destino definitivo. Nadie se iba a enterar y pensó que era necesario curar su herida y demostrar la evolución en la cara de ese otro que la empujó a partir.
Hace tiempo no sabía de él. La última reseña provenía de elogios replicados a lo lejos. De alguna manera, entendió que también había un avance que constatar; uno de ciudad y de estatus. Le perdió el rastro porque su propia vida le enseño a abrazar el presente y enterrar el pasado. Él también había conseguido su meta, pensó. Aunque era nada comparado con la propia. En su asiento, la cabeza intentaba responder el por qué hacía semejante travesía hacia lo desconocido y absurdo. No sólo corría el riesgo de no encontrar respuestas sino que temía hallar algunas que no le gustasen. Decidió obviar y seguir el instinto.
Calmó los nervios en un taxi y se dispuso a llegar a un punto que recordada sólo en bocetos casi imaginarios. Dio con la vieja casa de madera y cuál sorpresa, un perro distinto al que conocía la esperaba alborotadamente en la reja. Eso dio pie a la que la dueña de casa saliera y la recibiera con inesperado beneplácito.
La añosa mujer le regaló un mate, la interrogó amablemente y le dio certezas de que el sujeto de su búsqueda había regresado hace muy poco. Fue una visita breve y obtuvo la claridad anhelada. Sabía dónde encontrarlo. Y salió a ese momento que imaginó desde el mismo día que partió en las maneras más inverosímiles posibles.
Ya no había miedo. Sólo ansiedad y sensaciones confrontadas que ni siquiera ella entendía del todo. La calmó el poder verlo al fin. Allí, rodeado de tanta gente pero de alguna forma, sólo como siempre. No pudo evitar llorar mientras se abalanzaba a su encuentro. Lo único que quedaba por mostrar era esa fría lápida de mármol falso con su nombre en negras sílabas manchadas por el clima. Llovía a cántaros y su ropa de marca se empapó sin prudencia. Pero más grande temporal fue aquél que sintió en su interior.
Cuando pudo recuperar el equilibrio se fueron de sopetón todas las interrogantes que horas atrás rondaron en su pechera de recuerdos. Entendió que él la dejó partir por una razón mayor. Y que la había amado de verdad para desautorizar su corazón en beneficio del de ella.
Que había tragado la injusticia de agonizar el ego herido hasta dejarlo caer por completo sin arrastrar otros al barranco. La paradoja indicaba que mientras ayer su alma desfigurada emprendió una travesía para regresar, él yacía hoy sumido en un viaje sin retorno. Por lo mismo, ya no había razón para el lamento.
Secó sus lágrimas de nuevo y mientras le esbozaba un “finalmente tenías razón” sacudió sus zapatos manchados de lodo y dejó una rosa blanca sobre esa tierra muda y descolorida. Su reconciliación era completa, la vida seguía y la suerte estaba echada. El impulso a la buena fortuna se justificó en tan visceral momento. Y supo que lo había recibido hace mucho tiempo atrás.
A las mujeres, en realidad no les gustan los hombres malos. Aunque juren que sí, aunque insistan en que tienen el gen del sufrimiento incorporado al ADN femenino. Nada que ver. A ellas, como era de esperar, sólo les llama la atención un molde, una mala copia del hombre malo.
Un detalle... Sólo a modo de reflexión y como sincero aporte para que lo entiendan. De verdad, esto anótenlo bien. Hombres aparentemente malos sí existen. Y sé que les gustan aunque ustedes, las mujeres, ya saben que no perderán la cabeza toda la vida por ellos.
Ya lo sé. Si algo tiene de malo esta ciudad es que no importa cuán grande sea. Todos se reúnen en los mismos sitios, van a los mismos eventos, se mueven en las mismas estaciones de metro, frecuentan las mismas instancias de vida que uno. Es un micromundo en esta majamama tan mentirosamente global. Y en esas circunstancias es bien fácil encontrarse gente. Gente que te retrotraiga situaciones o momentos. Gente que me hable de ti.

Renato: Naaaada. Facebook tiene la culpa.
Fue en el verano del '92. La oí como una de esas baladas clásicas que servían para adornar momentos de melosidad rotunda. Y no estaba tan equivocado. O quizás sí. Diametralmente equivocado. Era lo malo de no saber inglés. Lo malo de no saber de música. Pero todo se aprende...
Si sabes de esos episodios agrios no sólo asumirás el golpe de oírla sino que probablemente, también sepas algo del duro peregrinar por los caminos del amor irresoluto, tozudo y limitante. Y si algo entiendes de música, entonces de seguro ya la conoces, porque esta es una de las mejores obras de aquella década inolvidable. Y no te preocupes por el inglés. Esta sección es para ello.
No hubo despedida. Sólo un itinerario que cumplir. De tanto nutrirse con esos aires de libertad asumió que había encontrado uno de sus rincones en el mundo. Y prometió volver. Como esas eternas promesas que los hombres hacemos sin cumplir jamás. Que sólo sirven para alimentar la esperanza y afrontar lo que viene con un dejo de felicidad afincado en el tiempo.
Ella era distinta. Tenía menos años, más oficio y sobretodo tacto. Sentido común. Guiaba y desarrollaba la escena a antojo. Quizás porque conocía la situación del otro. Porque la palpó y la aceptó desde el primer minuto. Y tuvo premio ganando el reto.


No lo había previsto. Pero allí estaba. La puerta entreabierta y la ocasión latente para hacerse de algo a la pasada. Su instinto pudo más que la mente. Entró y sintió como si alguna vez hubiese frecuentado ese mismo sitio. Con la luz de luna colándose por la ventana.
Miro alrededor. Apenas hallaba el pretexto para quedarse y se adivinó observado. Al girar se topó de golpe con una mujer. Bajó la vista y aún así pudo reparar en sus formas. Estaba oscuro, ella vestía ropaje gris. Quiso excusarse, echó mano a discursos torpes, a justificaciones inconclusas y titubeantes mientras reincorporaba la atención. Y se vio en los ojos de ella. Esos dominantes ojos que parecían espejo de sí mismo.
Su primer impulso fue arrancar pero atendió que ese rostro derramaba una lágrima. Olvidó el lugar, la circunstancia y la consecuencia. La abrazó fuerte y sintió un tibio apego en su piel, un mágico llamado en su latido. La besó. Y mientras su razón trataba de hacer piso, el corazón rogaba por perpetuar aquel minuto. Nunca se sintió mejor en la vida.
Fue allí cuando escuchó pasos y sin pensarlo corrió despavorido. Mientras se alejaba pensó en regresar, en que ella entendería. Tal fue su duda, su miedo a decepcionar y sentir rechazo ingrato que continuó la angustiosa marcha. Acelerado, con un ahogo quemante en el pecho.
Unas horas después subiría a un bus con destino lejano. Huyó protegiendo su negro y vapuleado ego como tantas veces. Al llegar sintió ligero el equipaje. La duda pudo más y revisó cada valija con acuciosa prudencia. Todo estaba allí, tal cual lo empacó. Entonces, se puso frente a la ventana, miró el cielo aspirando las confusiones de un cigarrillo y dio otra vez con la luna. Fue cuando entendió que esta vez era sujeto del hurto. Que fue a él a quién le robaron algo…
No sé por qué nunca les sugerí esta, una producción francesa de 1999 situada en el París menos romántico, el más sombrío, unipersonal y poco cálido. El que congela las relaciones humanas y las transporta al campo de las individualidades desguarnecidas.
Los malos amores, las nefastas experiencias, las enredadas ocasionales por satisfacer el desorden hormonal, los romances furtivos... Todo tiene una motivación oculta. Que se asienta con los años. Pero que en el fondo, siempre será un camino distinto para llegar al mismo punto.

Clasificar madres solteras es un ejercicio bien injusto. Porque finalmente son mujeres como todas, como cualquier otra, haya o no traido niños al mundo. Aunque casi siempre más fuertes, más pujantes. Más decididas. Muchas ni siquiera lo saben... Y en esta mala costumbre de teorizar todo, he llegado a creer que sólo se diferencian entre las que saben qué quieren y las que no.
Las hay jóvenes y en búsqueda de una segunda oportunidad. Como el personaje principal de "Alfie" lo define, son distintas y traen consigo un agregado irresistible en muchos casos. Será película pero acierta en la conclusión. Dos corazones conquistan más que uno. Y entonces, te pueden noquear, en caso que estés preparado. Ten claro que, de pasar a la segunda o tercera cita, entraste en un terreno donde el juego ni siquiera es recomendable aunque haya convención de las partes.
- El baño: El cuerpo anda menos sincronizado. Se da libertades. No hay yogures ni utensilios raros marcando horarios. No hay vellos ni tapas mojadas, dependiendo del sexo, claro. Yo, por ejemplo, no podría soportar mucho rato a una chica enjabonándose el culo con música de Daddy Yankee en ese reino personal que denominamos ducha...
Y bueno. Faltaron hartos tips.

8. El Huevo de Meseenger: Nadie sabe por qué usan una plataforma de difusión de ideas, opiniones, informaciones o datos útiles cuando lo de ellos no es ni lo uno ni lo otro. Usan twitter como un soberano chat. Te dicen qué comen, qué toman, dónde están, para dónde van, qué les duele, qué les gusta y por dónde, qué miran en la tele... El uso que le dan a los 140 caracteres de twitter es exactamente el mismo que le dan al "estado" de messenger o el de facebook. Lo de ellos es sumarse a la tendencia. Usan cualquier red social para lo mismo. Y cuando sientan que ésta pasa de moda, se van. Por suerte para la Matrix y sus dolores de cabeza permanente por tanto aprendiz ensuciando sus caminos...